YO ACUSO

 

Escaparate 1Ha cerrado la librería, mi librería, la del pueblo donde vivo ahora, que se dice pueblo pero que en la práctica se ha plegado como el alumno más avanzado, y también el más pelota, a su condición de suburbio rico repoblado por los expulsados de la ciudad que encontraron aquí el paraíso para criar a sus hijos antes de la Gran Crisis. El pueblo donde muchos locales comerciales del centro son propiedad de quienes cambiaron tierras por cédulas de habitabilidad, el mismo pueblo donde nació la Gurtel. Donde el mapa electoral produce un escalofrío, si lo pensamos bien. Ahí está mi librería. Donde todos los pequeños negocios que abren, uno tras otro, se estrellan, porque los colonos llegados del centro gastan sobre todo en la hipoteca (oh, el sueño del césped y la piscina para los hijos), en la capital de la que vienen (es tan fácil ir y venir con tan buenas comunicaciones ) o en las grandes superficies. Y ahora también, comprando lejos, muy lejos del pueblo, con un clic que paga menos impuestos, o que ni los paga, y que crea, más que sacia, el ansia de la compra. Ahí ha estado mi librería, más de quince años. Tiempo suficiente para que un negocio tan claro funcione en el municipio con la tercera renta per cápita más alta de España.

Pero nos la hemos cargado. Por eso acuso, sí, yo nos acuso, autoridades viejas y pobladores nuevos que llegamos hace quizá quince o veinte años, expulsados por los precios de la ciudad antes incluso del boom inmobiliario y del desastre posterior, pues queríamos algo de calidad para nuestros hijos después de haber vivido encantadoras aventuras de solteros en pisos compartidos imposibles de pagar entre dos, pues al fin nos habíamos emparejado. Construimos una nueva vida aquí, una nuevas relaciones con los que, como nosotros, empezaban una nueva existencia, colonos de extrarradio hermoso, comparado con los del sur, en busca de vecinos exiliados que compartieran la misma experiencia. Y, al cabo de un tiempo, descubrimos que había referencias de pueblo que no conocíamos, que podrían darnos algo impensable, una nueva raíz en nuestras vidas cada vez más vividas. Mientras criamos a nuestros hijos, por supuesto pagando el peaje a los nuevos dioses de gran superficie y bolas de colores, echamos un ojo alrededor y algunos encontramos lo que tanto tiempo llevábamos buscando: tu guitarrería, tu academia de música, tu librería, esa donde te conocen y les conoces, que ves evolucionar, cambiar de local, aproximarse al centro, junto al ayuntamiento, nada menos. En esa librería conoces primero al librero, luego asistes a presentaciones de libros sintiéndote extraño en el suburbio de colores, hablas con los escritores, te confiesas con ellos, yo también escribo, y tus sueños se sienten vivos en el templo que huele a papel. Recuerdo la librería de mi infancia, Talentum, en la calle de Núñez de Balboa, en la que me hacían descuento de cinco pesetas en cada libro de aventura que me compraba, y la librería Miessner, en Ortega y Gasset, cuando asomaba la primera juventud. Ahí me miraban distinto, pero también me sonreían cuando me llevaba libros en inglés de Huxley o Joyce (el primer Ulises que compré era de Penguin), o de Austral o de Alianza. En Altazor he vuelto a sentir la ilusión: cuántas veces, al entrar sin prisa y con dinero en el bolsillo, he pensado en dejar de trabajar para leer todo lo que tengo comprado, lo que tengo deseado, lo que seguiría encontrando o encargando, entregarme de una vez por todas a la literatura. Sé que no es posible, pero puedo soñarlo.

paco en libreríaY eso siempre ocurre, ocurría, al entrar en Altazor, al escuchar la excelente música de fondo y explorar sin prisa la estantería de música, de los clásicos, que ahora, por fin, me interesan. En qué otra librería de Majadahonda podría acabar saliendo, después de hojear, acariciar, sentir, soñar, con un ejemplar latín/español de La Guerra de las Galias de César (oh, entregarme al recuerdo de aquellos textos en dos años de Latín, tercero y cuarto de bachiller), las meditaciones de Marco Aurelio o un sesudo libro sobre Música y Pensamiento de Acantilado para regalar a una amiga, junto al thriller con portada de sangre que le encanta a mi chica o el libro ecologista que ayudará a lanzar los sueños de mi hija. Fue en Altazor en donde me reencontré después de más de 30 años con Andrés Ibáñez, enorme escritor que presentaba una novela en la que, arrebujado en una página, me mencionaba. Y allí mismo le dije que él también salía en la novela que yo había escrito. Recuerdo su asombro.

—¿Eres tú?

Presentavciónb libroSí, era yo, y la vida se volvió más intensa en ese instante único, ocurrido allí, en Altazor, porque a todo mi presente maravilloso se sumaba todo el pasado que compartimos, el camino hasta allí, buscadores caballerosos en los albores de los 80, jinetes de la música y la literatura, de la vida.

Yo acuso, sí, nos acuso de inacción. Todos hemos comprado alguna vez en Amazon. Con cada clic “al carro” nos empobrecemos, porque ya no sabemos esperar, encargar, desear, dosificar. Que cierre una librería de referencia en Majadahonda es muy mala noticia para todos los majariegos, los nativos y los colonos. Para mí es una gran pérdida, que requerirá duelo. En mi círculo profesional, siempre me he referido a Paco como “mi librero”. Mis conversaciones con mi librero. Sé que esta mención atraía, por exótica, a mis interlocutores, normalmente más jóvenes. Y cuando nos tomamos una caña histórica, con mi novela recién terminada sobre la mesa entre ambos y él diciendo que si tuviera una editorial la publicaría.

—¿Y si montamos una editorial? —nunca me ha salido nada de tan dentro del alma.

Paco con clienteRecuerdo sus ojos desorbitados, la llama que vivió en ellos durante unos segundos. Fue una ilusión que en mi caso pervivió más de lo que habría sido conveniente, para los dos, probablemente. Bueno, chispas que se producen entre nubes que se tocan. Así lo viví yo. Luego él siguió siendo mi librero y yo su cliente. Ahora nos dice que cierra, que no tiene sentido económico. Espero que “cierre” no sea la última palabra de Altazor. Ojalá pronto leamos “Volvemos” en algún foro. Y yo seguiré soñando con leer todo el mundo al entrar en ella.

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